Vamos re-calentando motores

Dos escenas del presente, de la semana. Ambas me han retornado la gana de escribir y de procurar llevar un poco más sistemáticamente una relatoría de lo que me da fe, de lo que me alimenta el alma, de lo que lo hace a uno ser humano.

Sin buscar darles orden cronológico, pues poca relevancia tendría, me encontré armando cajas, cargando comida y productos de higiene personal. Cuando trabajas en desarrollo y cooperación internacional es común que se te olvide todo el esfuerzo humano que implica dar un poco de ayuda al prójimo.

Después de horas de rutinas logísticas empacando y sellando cajas hice el cálculo de cuántos paquetes llevaba. Eran apenas un centenar. La necesidad de tiempo-hombre que requiere Haití es mayúscula, la desgracia es in-medible. ¿Cuántos hombres y cuántas horas se necesitan para poder acercarse a medianamente cubrir lo básico? Lo pone a uno a pensar.

Por el otro lado, un grupo de jóvenes que se autodenominan progresistas se reúne. El que se autodenominen no es despectivo de la calidad ideológica en lo más mínimo. Es simplemente que creo que antes de poder utilizar la palabra como una calificativo habría que definir lo que implicaría ser “progresista” en el México de hoy, sumando la condición etaria.

Sin embargo, soy positivo de las mínimas conclusiones: armar grupos de debate que puedan ofrecer como conclusión posicionamiento a los problemas coyunturales del país. ¿Ambicioso? ¡Sin duda! Pero también creo que por algo se comienza y veo potencial en las ilustres mentes de varias personas alrededor de la mesa. Las capacidades y la voluntad están, la coordinación, el diálogo y la síntesis de ideas está aún por darse.

¡Bonita semana les deseo a los ocasionales lectores!

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